A medida que pasan los años y el cuerpo envejece, la producción de colágeno se va reduciendo gradualmente y se calcula que a los 40 años el organismo produce la mitad de colágeno que durante la adolescencia. Esta reducción de colágeno provoca la pérdida de elasticidad y flexibilidad de la piel, dolores en las articulaciones y músculos, deterioro en la vista, deficiencias circulatorias, molestias en dientes y encías, etcétera; es decir, el deterioro propio de la vejez.

El colágeno es una proteína cuya función es mantener unidas las diferentes estructuras del organismo. El colágeno se encarga de unir los tejidos conectivos (músculos, tendones, ligamentos, piel, huesos, cartílagos, tejido hematológico y adiposo y órganos), actuando como un elemento de sostén que permite mantener unido el conjunto del cuerpo. Su función consiste en la formación de las fibras a partir de las que se crean las estructuras del organismo; por lo tanto, es el responsable del grado de firmeza y elasticidad de estas estructuras y tiene un papel esencial en su hidratación.

Los principales beneficios del consumo de colágeno es la de crear y mantener las estructuras de los tejidos que forman el organismo, incluida la piel, por lo que tiene una importancia decisiva en propiedades como la firmeza y flexibilidad. El aspecto de la piel, las uñas o el cabello dependen considerablemente de esta proteína.

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